3 libros empe
zados. Uno romántico, escrito por Florencia Bonelli; otro, sobre Photoshop y el tercero sobre Metafísica, escrito por Conny Mendez. Y sin poder con mi genio, me compré otro libro sobre proyectos personales. Tendría que ser considerada persona no grata para las librerias asi puedo cuidar mis ahorros y las estanterias de mi biblioteca.
Empecé a leer con la esperanza de encontrar una planilla que me ayude y me permita ahorrar tiempo. Sin embargo, resultó ser un libro que me hizo trabajar un poco mas, buscando muy en el fondo de mi interior. Muy lejos de ser un viaje doloroso, fue como abrir un baúl y empezar a sacar todo lo que había guardado. Un poco de limpieza, ver que sirve, y ver que no.
Los proyectos personales pueden tocar diferentes aspectos de nuestras vidas, pero todos giran en un punto escencial: en ser honestos con nosotros mismos.
Esa honestidad se logra teniendo una charla íntima con nuestro interior. Hoy la comunicación es casi ineficiente, aún teniendo a nuestra disposición muchísimos medios para lograr que nuestro interlocutor nos escuche, interprete, entienda. Sin embargo, también hay barreras por doquier.
Lo que sucede afuera, sucede adentro. Nos bloqueamos nosotros mismos, entorpecemos nuestro trabajo, ponemos obstáculos, armaduras, y todo lo que podamos utilizar como barrera. En vez de escucharnos, divagamos; en vez de permitirnos opinar y decidir, nos cerramos.
El espejo es uno de los accesorios al que menos se saca provecho. En él vemos todos los defectos, en vez de nuestras fortalezas. El mejor ejercicio es mirarse al espejo y empezar a charlar con nosotros mismos, esperando que el “otro” nos responda. Busquemos momentos, hagamos espacio. Hay muchas oportunidades para estar “a solas” por un breve tiempo, ya sea mientras se bañan, desayunan, en el viaje al y del trabajo. Siempre las hay.
El autor del libro mencionaba “tomarse un café con uno mismo”. Yo diría que con el solo hecho de dedicarnos unos minutos diarios para alimentar nuestros sueños y proyectar, es suficiente. De todos modos, esa propuesta me gustó. Quizás la cambie por unos mates, y después les cuento el resultado.
Fuente: Un sueño posible. Autor Walter Dresel
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